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Parece que el asunto del presidente de Murcia ha llegado a ser microcosmos del damero en el que ha devenido España. Ese quiz de relojero donde las piezas encajan, pero después de grande desperdicio de agudeza visual y con agua va de ingenio. Y aquí los noticiosos, con milicia de tertulianos –plumillas, chistosos y opinadores. Entre ellos, quien se asombraba –esta tarde y por la radio- de que España concentrara su atención intensiva y prolongada sobre ese rincón en la almendra del sureste –con el respeto que se debe, por supuesto, a los murcianos. Que hoy para hablar… ya se sabe… Tal si Murcia no tuviera en su provincia millón y medio de almas. Y entre ello y con carácter general, el lugar donde se cruzan la justicia, la moral, los cargos y los gobiernos –lo que fuerza a deslindar el crédito y rectitud, del pretexto que enmascara una ocasión para estrategias y medro.

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