Cambiar las tuberías sin cortar el suministro –algo así decía el presidente Suárez sobre la transición en España. Y visto con el tiempo transcurrido desde entonces, advertimos la enormidad del propósito, lo complicado del tema y la gesta que se realizó con éxito. Tanto que los decenios aquellos han pasado por momento singular y de gracia en la historia del país –más allá de la reciente. Para ello fue preciso –junto con la conjunción afortunada de innumerables posibles- un acuerdo general en el propósito, representantes brillantes y concienzudos, y una empresa a compartir para el esfuerzo de todos. De aquí lo temerario de unos tantos fontaneros que, actuales, amenazan con arrancar la estructura que nos tiene –sin acuerdo general, sin objetivo a lograr, sin formación ni cultura. Como si no se temiera el momento de un ¿y qué hacemos ahora?, una vez se llegara a la aporía de un general desmontaje. Y la consigna que se extiende sin razón y sin raigambre, y la vaguedad que aguardan.

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