Nuestra pasada historia

La juventud, se dice que se cura con los años. Y yo añado que es feliz, cuando lo es, por su corta perspectiva. Pues lo que entonces se tuvo por valor, por cosa que merece perdurar o quedar para los siglos, es ahora un recuerdo ablandecido que se descarta presto –y siquiera se relega a la breve dignidad que circunscribe un olvido. Pues no hay años en la vida de los hombres que puedan conformar un sentido venidero tras de sí, y tampoco su razón y su secuencia. Y serán quienes lleguen los que, por un azar de su vista y de los hechos que se fueran produciendo, escribirán sin nosotros lo que fue –sin nosotros conocerla- nuestra pasada historia.

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Un pasmo por los caminos de Lerma

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Creo que los españoles no recorrerán lo bastante los campos despoblados de Castilla. Donde hay para nosotros un lugar de origen y metafísica, un lugar de reencuentro –de sanación sin retórica. Sin nostalgias noventayochistas ni drama, pero sabedores de una verdad nuestra que aquel silencio custodia. Por la anchura de esos campos, hay lugares burgaleses como lo es el camino que conduce desde Lerma hasta Pampliega. Con un alto en la colegiata enigmática –increíble- de Santa María del Campo. Allí tuvo parada el cortejo fúnebre que escribió para los siglos la reina Juana la Loca: con su casa del cordón donde según cuenta la historia esta reina se alojara. Se trata de una colegiata que los tiempos han escrito paulatinos en la piedra: sacristía siglo XIII –de un presumible templo románico en la ruta que va a Frómista- y un lujo desde gótico a barroco que el tiempo ha erosionado. Pero sin que esa magnificencia se haya visto derrotada por el polvo y el olvido. Seña de ello, la explicación estupenda de la guía que se encarga de mostrar este templo al visitante. Ojalá que estos campos vivieran una prosperidad renovada, esplendor o primavera –mas guardando su verdad, y la nuestra, por los siglos que vendrán para pasmo de unos y otros.

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Un doble prisma moral

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Cuentan de quien echaba pan a un perro, a la puerta de su casa, con afán de amadrigarlo. Día a día. Hasta aquel en que, en llegando, se lo llevó su dueño consigo. Y de aquí dicen así: que perdió el pan y el perro. Como emblema de estulticia, llevado por interés necio sin escatimar las dádivas. Aunque también cabría entender la conseja como advertencia ante quien pone su empeño en ser, sin interés para sí, por no poder concebir su presencia de ninguna otra manera.

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Estos tiempos de elecciones

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Los tiempos no dan para descansar nuestra razón colectiva en un algo nuestro, tan real como concreto. Esa razón menesterosa y común, vulnerable a la infectación del demagogo como puede serlo ella tan sólo. Con aquella corrupción de los principios democráticos que pervierte la voluntad soberana –si posible fuera, y la hubiera mismamente- con su sombra electoral intoxicada al arrimo del eslogan y la encuesta. Hurtando el verse cara a cara ante la realidad –lo que hay, lo que nos mira. Por no dejar que la necesidad de ser emerja, descosiendo desnuda los discursos que la ocultan con la retórica huera y el señuelo de la forma. O mejor mistificándola, cuando ante multitud de ojos ciegos para ver se la suplanta, se la desmiente y falsea.

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Hasta aquí, desde un tebeo

En relación con la entrada anterior del Blog, me ronda otra consideración que ahora traigo: la estrategia del cómic para generar una apariencia dinámica a partir de viñetas detenidas. Donde cada cual presenta una escena con su tensión interior unas veces. Aunque solicitando que el sentido del lector coadyuve a suplir lo que les falta para devenir todas ellas y entre sí la narración de una historia. Porque para trascender de la anterior a la otra subsiguiente, una viñeta cuenta con el auxilio de la palabra –narrativa, o en boca del personaje. Mas precisa la mirada de un lector -como si una exégesis sobrevolara, hilvanando, imágenes susceptibles de conformar un conjunto y un sentido. Nada que no se hallara, desde siglos inventado. Porque unos ingenios barrocos ya idearon en sus siglos el escribir por empresas: una imagen detenida y alegórica que es objeto de un comento –para destilar la enseñanza: por pasar de un concepto imaginado a un práctico concepto. Y traigo aquí, antes que al murciano Saavedra Fajardo –ay, sus empresas políticas-, a Juan de Borja hijo que fue de Francisco –el duque de Gandía, después jesuita y últimamente santo. Ese autor dio a luz en el siglo XVI y en Praga unas empresas morales donde el comentario de la imagen viene dado con brevedad, elegante y a lo claro. Una edición facsímil la publicó la Fundación Universitaria Española en 1981. Y excusando la transcripción de la imagen, traigo aquí la leyenda de esta empresa: el pedir y tomar consejo en lo que cada uno ha de hacer, es cosa muy necesaria a todos los que quisieren acertar en las acciones. Y cuanto mayor fuere el estado en que uno estuviere puesto, tanto esto será más necesario. Pero así como el que no quiere pedir ni tomar consejo con razón será tenido por temerario, de la misma manera el que en todo estuviere dependiendo de voluntades ajenas, no podrá dejar de ser tenido por tímido y de poco valor. El príncipe, o persona valerosa, que apartándose de estos dos extremos quisiere dar a entender que es amigo de consejo, y que tiene valor para gobernar y no ser gobernado, lo puede significar en esta ‘empresa’ del vaso sin asas, con la leyenda que dice NON DUCOR. Que quiere decir ‘no soy llevado’. Pues en ser vaso muestra que es capaz de recibir, y en no tener asas que no es fácil a ser gobernado ni a dejarse llevar por nadie. Para que vean a dónde nos han traído las viñetas de un tebeo.

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Cómic en la pantalla

En el cine género cómic la acción se somete a un terso esquematismo –como en una superficie perceptiva, satinada y sin relieve, donde se imprimen sucesivas las imágenes. Y pienso que, por mi modo particular de afrontarlo, ahí podría residir la incómoda inquietud que al poco de comenzar ya me causa –lejana su frialdad al meollo complicado que dignifica al vivir: como un hielo, cada imagen, al filo de lo inhumano.

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Para describir un hoy

Corren los tiempos, y algo es como antes. La vida que transcurre para todos, de uno en uno. Sin proyecto común y decidido –una mirada al futuro que congregue e ilusione. Recuerdo aquella España machadiana que duerme y que bosteza: sólo que no chapoteando ahora en su miseria –adormecida de Smartphone, de casino virtual o acaso de Nintendo. De ambición personal, e idealismos que impostan unas gentes que se gustan. Sin atención a lo que haya entre las manos –el quehacer, o la vida común como tarea de cada uno y de todos. Como un renunciamiento. Si bien con la reacción del genio y de la idea.

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