A vosotros, los machistas

Con el sambenito del machismo, que se aplica gradualmente a cualquier cosa, se establece poco a poco un discurso dominante. Y con ello un poder –pues son inseparables uno de otro: aunque no es fácil distinguir si es éste el que impone los discursos, o el discurso dominante el que crea e incrementa el poder del poderoso. Si la gallina o el huevo. Lo cierto es que hoy queda uno más o menos pensativo cuando hay un periodista que sugiere que los objetivos a batir por este medio obedecen a directrices ocultas y emanadas de oenegés y de partidos –cuyo nacimiento y pervivencia se producen en la corrección política de intensidad más y más exacerbada. Y es cierto que la visibilidad del asunto va y va por oleadas: con objetivos que se exigen, alcanzadas ya las metas anteriores o intermedias. Seña de que no hay un propósito expreso y democrático a debatir previamente y entre todos en el foro –mas una inquisición que trabaja sordamente en un plan previo, y que maquina en lo oculto.

©

Un vaso para cerveza

Etiquetas

,

Cuando se viaja, es común el placer de regresar con un objeto que concite la memoria de experiencia relevante. Aunque en ello hay un límite que, rebasado, conduce a una compulsión coleccionista –o, en su caso, al fetichismo. Por mi parte, son raras las ocasiones en que vuelvo con objetos de esta laya. Y cuando tal sucede, en casi toda ocasión son objetos de utilidad que intervinieron en situación o experiencia. Por un decir, del Museo de la Cerveza lisboeta regresé con un vaso apropiado que utilizan al efecto: de cristal, y concebido de manera que el calor que se proyecta al cogerlo no caliente la bebida. Un recipiente que se invagina en sí mismo, de una pieza y con cámara de aire. La parte interior, donde el líquido se vierte, tiene forma de un botellín de cerveza en posición invertida. Lo que se ve, transparente, desde el exterior del vaso. Y con el emblema del Museo de procedencia, con marca que señala los trescientos mililitros, y con cita literaria en portugués y también en lengua inglesa. Lo vendían a la salida, aunque no recuerdo el precio. Cuando utilizo ese vaso, advienen con discreción y sin destacar en nada los aromas de la noche de verano, taburete y serpentín, en las orillas del Tajo y en la Plaza del Comercio.

©

Por si la voluntad fuera otra

Etiquetas

,

En esta abdicación del pensamiento que difunde un populismo por España, muchas informaciones son creíbles que no ha mucho resultarían un mal chiste. Y no es lo más que el presidente socialista de la región de Castilla-La Mancha pretenda apuntalar su gobierno con apoyos del partido de Podemos –después de mucho despotrique y de mucha diferencia. Más llamativo parece que el partido nacional recuerde a semejante prócer que –según la nueva normativa que se habrían dado- es preciso consultar para tal pacto la voluntad del conjunto militante. Cuando no es ese conjunto con interés de partido quien erigió presidente del gobierno regional al señor García Page –sino los votantes con derecho en la extensión del territorio. De donde la evidencia de que el gobernante representa a la población en su conjunto –lo que no ha de reducirse a la restringida representación de los militantes del partido. Lógico sería que tal pacto, si hubiera de ser consultado lo fuera con los votantes –lo que se pretende negar o evitar tal vez, por si acaso no les saliera el apaño.

©

Entre dos generaciones

Cada generación vive sus propias traiciones. Sus presupuestos violados, sus promesas incumplidas. Esto me decía FV hace un tiempo para nada desdeñable: que la suya fue generación obligada a vivir un mundo no distinto, mas opuesto a los principios que en la niñez aprendiera. Y lo dijo sin pretender que sus palabras señalaran al culpable –pues un niño no puede responder de los aprendizajes que los adultos le ofrecen, ni un adulto ser obligado a reconvertir del todo lo que fue y lo que supo –en lo que hubo creído, para lo que fue formado. A priori, la razón de ninguno de los lados. Como también otra generación que hoy vive su desamparo: no esta vez por negación de los principios que fueron, mas por la denegación de presencia y de futuro. Entre ambas, quienes tienen fundamentos de creer que lo que ha sido tiene un valor sin embargo: un país en su mirada interior –la ley y la libertad-, y más allá los contextos que a esta España le permiten su futuro.

©

Celebración del teatro

Baja del escenario, y carraspea mientras se adentra entre el público. En teatro popular, para comedia española. Porque se sabe uno más –entre aquella multitud de la que un rol lo separa: esa acción, con lenguaje y vestuario, tan risible que nadie vería mal que le pasara a cualquiera. Desciende del escenario, y es el público el medio en que se diluye y se confunde indistinto. Como un aura –el teatro- o emanación engendrándose del público, y que hasta el mismo retorna. En complicidad de muchos, con su tributo en la noche –la función o el espectáculo.

©

Escuela de malandrines

Permita el lector este juego con el título de la obra del gran Miguel Espinosa. Su Escuela de Mandarines. Porque es una novela, por decirlo de este modo, que tiene muchas lecturas y cosas –prolijidad de lugares y de claves, perspectivas. Entre ellas la reiteración de números interminables que enumerando recuentan -uniformidad que multiplica la unidad intercambiable, o la presencia sin rostro. Como tantos hoy medrando por los entornos donde se adquieren mandarinato y prebenda: tal quien llega hasta el exacto vomitorio que lo arroja, sin saber y sin pericia, a la arena de la cosa que fuera el lugar de la política.

©

Punto y final, o he dicho

MB, quien no siente inclinación ni deseos de realizar concesiones, hoy trae desde su facebook un lugar donde Ortega se pronuncia de este modo: la obra del intelectual aspira, con frecuencia en vano, a aclarar un poco las cosas, mientras que la del político suele, por el contrario, consistir en confundirlas más de lo que estaban. Y hoy, cuando se frisa en los cien años de la publicación de aquello, qué difícil evitar la percepción de que se halle la intelectualidad infiltrada de intenciones o estrategias de políticos. O colonizada incluso, si alguna vez la hubo como cosa independiente. Porque cuesta también pensar que algún día hubiera intelectuales puramente como Ortega los refiere, siendo así que no es ajena a la seducción del interés la obra del intelecto. Lo que no resta un deseo de idealismo, si se piensa en lo moral y hasta en lo íntegro –o por cerrar estas líneas con Ortega: ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejia moral. Punto y final –o, he dicho.

©