Las sinécdoques del rostro

Cuando es noticia que un famoso celebra en sociedad evento, o le acontece un desastre con resultado bien de hospital o de muerte, un locutor suele decir que llegaron al lugar muchos rostros conocidos. Por personas populares en los medios, quiero entender que se entiende. Y no creo que haya alguien que pudiera denegar una filosofía del rostro, su humanidad exclusiva como tema o como objeto. Pero tampoco se oculta que es un evidente caso del uso de la sinécdoque: el tomar una parte por el todo. Pues no hay rostros que caminen por sí solos y que solos en la sociedad acudan o se presenten. Ahora bien: esencialmente, el rostro es aquello de nosotros que ante los otros se muestra –o que consiste en mostrarse. Y de este modo, la selección corporal que el locutor efectúa persigue –y consigue a veces- construir un decorado: con personaje que se opera, se matrimonia o se muere –tal el sepelio de Orgaz: y los rostros de famosos, figurantes necesarios en la comparsa de un cuadro.

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Por qué escribo y por qué lees

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No pretendo escribir estas entradas como quien hace un periódico. Con su estilo, y la preceptiva que orienta a la prensa escrita. Pero tampoco he deseado ofrecer literatura en algún sentido ociosa. Ni escritos que trasladen el rigor con que se ciñen las ciencias. He querido, y quiero, hacer una escritura que se oriente entre esos puntos cardinales –y también en ella misma. Para lo que he tenido por del todo indispensable un cincelar de la frase con una punta de acero. Pues es preciso tener determinación en el golpe del concepto, y la fuerza necesaria en su expresión –y contundencia. Y también estos escritos se suceden tal quien conoce la precisión de escuchar –en el alma de quien lee- con palabras verdaderas. Pues en el fondo, lector, no permaneces aquí si no es por voluntad y sobre todo deseo –con la atracción del lenguaje que se dice, de la palabra escuchada, y del golpe de leer tan contundente y certero.

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Por decidir lo que somos

La vida no nos dijo cuántos posibles albergaba en cada cual su futuro. Y fuimos recorriendo por tanteo lo que nos ofrecía a la vista. Como si cada elección que hiciéramos fuera un punto de partida –otro abanico de opciones. Aunque también permitía retroceder la mirada, como quien desea corregir –o reescribir, o rehacer las decisiones pasadas. Y ello era, y fue posible. Y entonces fue la vida un lugar desconcertado de caminos o de rutas reversibles, que cruzaban su designio no preescrito de antemano. Con el placer que produce el fingimiento del dominio sobre sí, o del tiempo no absoluto y tornadizo. Con la añagaza que oculta sin embargo al tiempo material y que pasa inexorable -que obra siempre a nuestra inversa y que trabaja en su contra.

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El Estrecho de la Agualeja

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El festival de música antigua de Aledo, este año –y va el segundo- ha crecido hacia lo grande. Con diseminación de su presencia, de su actuación y su música, a lo ancho de la extensa Sierra Espuña. Pues el visitante siempre supo de la hermosura de esta sierra, de la historia medieval y del entorno impactante de la villa que antes dije. Y en esa vasta belleza y su historia, se incardinan hoy sus músicas. Esta noche en El Estrecho de la Agualeja, una joya geológica en su término y entorno –formación que asemeja una gruta semiabierta a la luz de las estrellas, con el fresco del relente que se filtra por su altura. La vegetación, muy clase mediterránea con cañaveral y también con algarrobo –y un hongo que, me dice una bióloga, se halló único en la provincia murciana. Allí, tan reducido el aforo, Silvia Márquez llena el aire con músicas de su clave –piezas europeas desde el XV hasta el XIX. El estrecho, una caja armónica que se llena con sus sones. Con iluminación de la piedra que flanquea a los presentes, y el verdor llamativo de vegetación que cuelga desde la altura y se consolida al fondo.

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A vosotros, los machistas

Con el sambenito del machismo, que se aplica gradualmente a cualquier cosa, se establece poco a poco un discurso dominante. Y con ello un poder –pues son inseparables uno de otro: aunque no es fácil distinguir si es éste el que impone los discursos, o el discurso dominante el que crea e incrementa el poder del poderoso. Si la gallina o el huevo. Lo cierto es que hoy queda uno más o menos pensativo cuando hay un periodista que sugiere que los objetivos a batir por este medio obedecen a directrices ocultas y emanadas de oenegés y de partidos –cuyo nacimiento y pervivencia se producen en la corrección política de intensidad más y más exacerbada. Y es cierto que la visibilidad del asunto va y va por oleadas: con objetivos que se exigen, alcanzadas ya las metas anteriores o intermedias. Seña de que no hay un propósito expreso y democrático a debatir previamente y entre todos en el foro –mas una inquisición que trabaja sordamente en un plan previo, y que maquina en lo oculto.

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Un vaso para cerveza

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Cuando se viaja, es común el placer de regresar con un objeto que concite la memoria de experiencia relevante. Aunque en ello hay un límite que, rebasado, conduce a una compulsión coleccionista –o, en su caso, al fetichismo. Por mi parte, son raras las ocasiones en que vuelvo con objetos de esta laya. Y cuando tal sucede, en casi toda ocasión son objetos de utilidad que intervinieron en situación o experiencia. Por un decir, del Museo de la Cerveza lisboeta regresé con un vaso apropiado que utilizan al efecto: de cristal, y concebido de manera que el calor que se proyecta al cogerlo no caliente la bebida. Un recipiente que se invagina en sí mismo, de una pieza y con cámara de aire. La parte interior, donde el líquido se vierte, tiene forma de un botellín de cerveza en posición invertida. Lo que se ve, transparente, desde el exterior del vaso. Y con el emblema del Museo de procedencia, con marca que señala los trescientos mililitros, y con cita literaria en portugués y también en lengua inglesa. Lo vendían a la salida, aunque no recuerdo el precio. Cuando utilizo ese vaso, advienen con discreción y sin destacar en nada los aromas de la noche de verano, taburete y serpentín, en las orillas del Tajo y en la Plaza del Comercio.

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Por si la voluntad fuera otra

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En esta abdicación del pensamiento que difunde un populismo por España, muchas informaciones son creíbles que no ha mucho resultarían un mal chiste. Y no es lo más que el presidente socialista de la región de Castilla-La Mancha pretenda apuntalar su gobierno con apoyos del partido de Podemos –después de mucho despotrique y de mucha diferencia. Más llamativo parece que el partido nacional recuerde a semejante prócer que –según la nueva normativa que se habrían dado- es preciso consultar para tal pacto la voluntad del conjunto militante. Cuando no es ese conjunto con interés de partido quien erigió presidente del gobierno regional al señor García Page –sino los votantes con derecho en la extensión del territorio. De donde la evidencia de que el gobernante representa a la población en su conjunto –lo que no ha de reducirse a la restringida representación de los militantes del partido. Lógico sería que tal pacto, si hubiera de ser consultado lo fuera con los votantes –lo que se pretende negar o evitar tal vez, por si acaso no les saliera el apaño.

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