Procesiones en España

Una teología que algunos quisieran posconciliar en sentido despectivo, periclitada y ya antigua, daba en estudiar los hechos de religión con métodos e instrumentos históricos y muy mundanos. Lo que no tiene, a mi ver, consecuencia alguna de denegar lo que de espiritual anide en los hechos que se estudian. Vengo a esta consideración después de haber presenciado el desfile procesional de algunas cofradías –en lo que va de la Semana Santa, y por supuesto en España. Para presuponer que no sería mal asunto estudiar con finura sociológica el origen de la religiosidad cofrade. Este estudio pudiera bien comenzar por una historiografía del patrimonio de imaginería, mobiliario, enseres de liturgia y ornamentos –qué fue lo que hubo primero: si la imagen, si los hábitos o cualesquiera objetos que se añadieran. Y también si, en los casos de imagineros de hace siglos y de un arte consagrado, esa imagen fue origen de la hermandad –o si hubo, en cambio, una espiritualidad anterior a la que respondiera el encargo de la imagen. Un estudio semejante pudiera ser importante con vistas a comprender lo que encierran las cofradías de nacimiento reciente: célebres tantas veces por la mediocridad de las imágenes titulares, y pródigas sin embargo en oropeles de ciriales y de tronos, de túnicas e incensarios. Como si el objeto de devoción fuera empeño ocasional ante una presura de brillo y de relumbrón –urgencia de desfilar precipitando, inmaduro, el nacimiento.

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La inteligencia de un príncipe

Añadiré a los preceptos para el gobierno que a los príncipes conviene, el que a continuación os procuro: que nunca la ambición –cualquiera su objeto sea- redunde en acuerdos que debiliten la posición estratégica. Y añadiré que este precepto nacido de la experiencia –por esta vez de la ajena- es transgredido en ocasiones crecientes en la política hodierna: donde cada vez se gobierna mirando un plazo más breve, sin empacho de trasladar los problemas a quien suceda en el puesto, sin miramiento común en el solo patrimonio que se hereda y que se lega en la política: la cohesión y solidez estructural del Estado.

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Los diputados que ladran

Es claro que no vale cualquiera para ejercer el gobierno. Como tampoco para ocupar escaño en sede parlamentaria. Pero vivimos de esa ficción en esta Europa que hacemos: que el acto de la elección por el pueblo –al elegido no lo inviste de capacidad o mérito, mas permite que se obvie la cuestión o incluso nos autoriza de algún modo a suponerlos. Negocio que redunda en un pingüe beneficio para partidos políticos, que viven de este prejuicio. A celebrar que hoy se asista a una mostración palmaria del exabrupto en sede parlamentaria. Como para mostrar que se ladra cuando, con olvido del rigor, se perdieron los pudores de exhibir toda ignorancia.

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Literatura en el Blog

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Pensé que en este lugar universal que es internet –donde cada cual depone su inquietud, su aspiración, su habilidad, su mediocridad, su maldad o su inmundicia- son muchos los que quieren aportar un átomo de buen hacer o belleza. Nadie dice que con éxito. Y ahí, la proliferación de Blogs de creación en la prosa o en el verso –proliferación que digo sin que en ello haya asomo de prejuicio o menosprecio. Pensé del mismo modo que sería una tarea no exenta de nobleza ofrecer un lugar donde entre todos aprendiéramos a separar en nosotros, nuestros textos, lo que es grano de la paja. Sin pretensión –por supuesto. Con la mínima incidencia a que aspira un particular cualquiera en lugares virtuales tan anónimos y extensos. De ahí ese grupo en facebook –con regla exclusiva de oportunidad, de agudeza y de buen gusto.

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Moral a contraluz de un funcionario

También sucede en las empresas privadas que –en la atención al público- algún empleado se pronuncie con menosprecio o despecho en relación con la empresa en que trabaja. Así me sucedió no hace mucho, con ocasión de una gestión en oficina bancaria: cuando la empleada, desde detrás de su mesa, pronunciaba alharacas –más todavía que lamento- por la penuria de equipamientos, la desidia de los mandos, la desatención al cliente, la escasez de resultados. Tal si, claramente, la cosa no fuera con ella –o no hubiera una deontología reclamando una lealtad con respecto a la organización a que se sirve, al menos dientes afuera. Y lo que fuera peor –que, en narrándolo yo a un amigo –o menos, a un conocido- se sorprendiera de encontrar allí desapego concebible para él tan sólo en un funcionario.

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Qué puedo esperar

En el mejor de los casos… He aquí una expresión que sólo podría usar quien maneja la totalidad de las variables. Al menos para poder descartar que hubiera un caso mejor que aquel que así se haya previsto, o para afirmar que el caso mejor que concebimos pudiera efectivamente acontecer o producirse más allá de su formalidad teórica. De aquí que para las más de las opciones que nos presenta la vida el mejor de los casos sea un caso impredecible o incógnito. Vaya la consideración por saber que nada nos asegura que en cualquier ocasión exista una opción que nos sea inmejorable, ni tampoco que lo mejor que se ofrece no pueda defraudar expectativa insensata –o, con alguna frecuencia, su quimera ciegamente pertrechada.

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Del columnismo en los plasmas

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En cuestión de columnas periodísticas, internet ha puesto al alcance producción tamaña –que permite variedad, frecuentación, comparaciones y análisis. No diré que yo pretenda tanto en estas líneas escasas, pero sí apuntaré una impresión que me alcanza muchas veces: que la facilidad de internet, frente a la prensa en papel y a la venta por las plazas y los kioskos, crea con cierta nitidez dos umbrales: el columnista que busca exponer pero sin lograr adecuarse a la movilidad del medio, y el otro que agudiza agilidad de lenguaje y pensamiento. Y he dicho dos umbrales, que no digo dos extremos –pues el hallazgo en internet se encuentra más allá de cada uno de ellos: en la busca de un lenguaje expositivo que circule y no se entregue a lo lábil de los plasmas, por un lado. Y, por otro, en la agilidad de las palabras que prometen mil lenguajes que gustamos de antemano y aún no llegan.

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