Argumentos de linaje populista

El profesor de retórica afirmó –y lo dijo sin ambages- que el argumento ad hominem es el más torticero e inmoral de cuantos el ingenio inventó para ejercitar en las cosas de política. Ese argumento tan romo que consiste en descalificar a quien habla, sin atender al discurso. Porque sin duda no es el pensamiento que se expresa lo que a este retor fundamentalmente le importa. Por una razón tan sólo: que se habla para lograr imponer una razón que por sí misma ni se defiende ni vale –y por ello ese afán destructivo sobre el adversario que anida en aquel discurso: negar a la persona que razona, la que no se somete ni rinde ni claudica en su palabra -y por ello se percibe y constituye, ante todo y para él, tal explícita amenaza.

©

La bella desconocida

Etiquetas

Yo recuerdo, de hace un tiempo, un recorrido de días por los lugares románicos de la provincia de Palencia. Tomando como cuartel general la ciudad norteña de Aguilar de Campoo, capital de las galletas, y haciendo durante unos días incursiones por los lugares del noreste de provincia tan ignota para tantos españoles. Algo que siempre recomendaré al turismo nacional –por el arte, por la gente, el paisaje y la cocina. La capital no destaca en presencia de románico –excepción de la ermita de San Juan Bautista, trasladada piedra a piedra del entorno de Aguilar por evitar que la cubrieran las aguas de su pantano. Lo que no resta sin embargo a la ciudad un muy soberbio interés, desde el punto de la historia y del arte religioso. Pues es Palencia primor del gótico, con matices no frecuentes de una herencia de su arte antepasado. Templos… no sabría decir cuál con mayor delicadeza: las iglesias de San Miguel, de San Pablo; el convento de los franciscos; la catedral de San Antolín –la bella desconocida– varias veces ampliada. Y también el museo, inexcusable, del palacio episcopal. Para el viajero curioso, arte cuando menos para una jornada entera –aunque tal vez algo más, contando con los tiempos que cada cual se toma en la fruición de estas cosas. Por lo demás, el buen tiempo abarrota por la tarde la calle mayor y el parque del Salón de Isabel II –con ambiente muy reposado, y gentío de modales castellanos. O el paseo por el Carrión, los aledaños del río. De comer… La Traserilla o Casa Lucio –en el centro. O La encina –en la calle Casañé, donde no se ha perder un pincho de la tortilla de Ciri: recién hecha, de patatas, y al punto de cuajo justo.

©

Calzados y ultramarinos

Etiquetas

No es la primera vez que este Blog, pródigo en evocaciones tantas, demora su memoria sobre Ávila. He hablado sobre ella en ocasiones –la ciudad que es hoy, y que fue campamento de las milicias romanas. He hablado de su foro –hoy plaza municipal- donde el decumano se cruzaba con el cardus: esas calles formeras que dieron un sentido militar a la vida ciudadana. La prolongación de la vía de orientación norte a sur, hoy es calle caballeros –a su mitad, un decrépito comercio que conserva su fachada de escaparates gemelos a ambos lados de la puerta. Con mármoles de solemnidad entre burguesa de principios siglo XX por un lado, y funeraria por otro. Todavía conserva sobre la puerta su leyenda en letras de metal y color oro: Bdo. de Quirós. Y sobre el escaparate de un lado: calzados, y sobre el otro se rotula ultramarinos. Como dos orientaciones cardinales de una vida comercial que miraba a las esencias de las gentes –sus dineros, y sus cosas.

©

Hablando con un juez, sobre la mili

No tiene gran complejidad el post de Emilio Calatayud, el juez, sobre la mili. Incluso también suena antiguo, como él mismo lo dice. Pues lo es imaginar, jocundo y en cascarrabias, que unos tantos malcriados se vean sometidos a disciplina militar –con autoridad y transitoria. Algo menos antiguo escuché hace suficientes años –cuando sonaban tambores de abolición de la mili: y fue algún militar de graduación advirtiendo del efecto integrador de la nación que la prestación de este servicio propiciaba. Hasta el punto de que algún motivo habría de sospechar que si el gobernante se resistiera a restaurar tal servicio en ocasión oportuna –ello no sería sobre todo por oposición de juventud indolente, mas por su articulación a partir de los poderes centrífugos que tensionan el Estado.

©

Murcia, entre rectitud y medro

Etiquetas

Parece que el asunto del presidente de Murcia ha llegado a ser microcosmos del damero en el que ha devenido España. Ese quiz de relojero donde las piezas encajan, pero después de grande desperdicio de agudeza visual y con agua va de ingenio. Y aquí los noticiosos, con milicia de tertulianos –plumillas, chistosos y opinadores. Entre ellos, quien se asombraba –esta tarde y por la radio- de que España concentrara su atención intensiva y prolongada sobre ese rincón en la almendra del sureste –con el respeto que se debe, por supuesto, a los murcianos. Que hoy para hablar… ya se sabe… Tal si Murcia no tuviera en su provincia millón y medio de almas. Y entre ello y con carácter general, el lugar donde se cruzan la justicia, la moral, los cargos y los gobiernos –lo que fuerza a deslindar el crédito y rectitud, del pretexto que enmascara una ocasión para estrategias y medro.

©

Política de fontaneros

Cambiar las tuberías sin cortar el suministro –algo así decía el presidente Suárez sobre la transición en España. Y visto con el tiempo transcurrido desde entonces, advertimos la enormidad del propósito, lo complicado del tema y la gesta que se realizó con éxito. Tanto que los decenios aquellos han pasado por momento singular y de gracia en la historia del país –más allá de la reciente. Para ello fue preciso –junto con la conjunción afortunada de innumerables posibles- un acuerdo general en el propósito, representantes brillantes y concienzudos, y una empresa a compartir para el esfuerzo de todos. De aquí lo temerario de unos tantos fontaneros que, actuales, amenazan con arrancar la estructura que nos tiene –sin acuerdo general, sin objetivo a lograr, sin formación ni cultura. Como si no se temiera el momento de un ¿y qué hacemos ahora?, una vez se llegara a la aporía de un general desmontaje. Y la consigna que se extiende sin razón y sin raigambre, y la vaguedad que aguardan.

©

Desarraigar y arraigar

Etiquetas

Ocioso –arrellanado en el sillón, y buscando horadar un vacío en la secuencia de las cosas en que pongo el pensamiento –por si en ese ínterin se alumbrara el tema del que se ocupa este post. Y así me llega sin pretenderlo la memoria de lugares que he vivido, que habité o que me tuvieron -y en ocasiones amé. De todos ellos conservo la memoria de una felicidad inmediata o diferida –en unos, por el idealismo del recuerdo una vez pasado tiempo suficiente después de haberlos dejado; en otros una felicidad sustanciosa, material, continuada, inmanente, enraizada en la gente y el lugar. Cuento, entre estos, con mis años de Granada –esa ciudad que me tuvo tan cercano, y que los años me han puesto en mayor distancia que otras que no habité. Tal vez porque aquella felicidad no fue otra que conmigo y con mis cosas –con gentes que circundaban mis afectos y mi anhelo. Como un marco de belleza para lo que sobre mí vivía –un bellísimo sarcófago para el alma de aquel joven que hace años se ausentó.

©