Aceptar que nada hay absoluto en nuestro mundo, es algo que acontece –cuando llega- con el paso de los años. Como una madurez reflexiva que nos da la inteligencia. Y repárese en que he dicho aceptar y no pensar meramente. Pues ese pensamiento es lugar común en el mundo relativo que vivimos. Pero no siempre se acepta el espacio descentrado de esa ausencia de absoluto –prueba de ello es que en la realidad cotidiana muchos hechos, valoraciones, ideas… son considerados como tales o puestos en su estatura. Entre otros, el modo como una progresía impositiva selecciona los objetos de atención para lo público, y pronuncia su asignación de valor: lo aceptable, aunque no se atreva a concluir que lo bueno -un modo de afirmar un sesgo del feminismo, animalismo, asamblearismo… hipercorrección, en suma. Como una religión inquisitiva que deniega lo distinto, o condena la existencia de los otros.

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