Quien profesa un amor por las palabras –realidad material de ondas sonoras, de trazos que la vista desentraña. Pero material no sólo, pues transporta un orbe de sentido que se extiende y desenvuelve en suelo humano. Amante de los sonidos, de la escritura y sus signos, de la corrección casi aritmética que sostiene el edificio de la lengua. Y amante asimismo de lo que el lenguaje encierra –ese juego infinito de las cosas que fluctúan, universo que se inventa y se reinventa en cada inicio, caleidoscopio de sí y desconocido abismo.

©

Anuncios