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Al aire libre y ayer, en un recinto civil mitad monumental mitad solemne, cada uno de los asistentes al concierto imaginó su motivo de acudir. Era la segunda edición de un ciclo estival que se dedica a la música clásica –bajo el nombre de MurciArt. El programa para esta velada obedeció a un concepto anunciado previamente: la mujer compositora. Obras de Fanny Mendelssohn, Clara Schumann y Laura Valborg Eulin. Planteamiento que se me hizo ya sesgado de antemano, toda vez que de un concierto no cabe esperar en primer término sino una calidad en contenido y, en criterio, una preferencia musical. Y debo decir que en ninguna de ambas expectativas satisfizo el repertorio –unas composiciones dudosas en virtuosismo y carentes de carácter, alguna frase acertada y algún juego rítmico alguna vez. Al margen del interés en la ejecución. Como una selección fundada en criterio muy de género, y no tanto musical. Lo que no da para más que satisfacer alguna que otra curiosidad divertida –pero no para evitar con solvencia el abandono paulatino de las sillas entre el público, el tedio recalando tanto en tanto, y el entusiasmo endeble ante el mérito voluntarioso de instrumentos y músicos. Eso sí –pudo asistirse en instantes al pulsar decidido del piano, a manos del gran Ludmil Angelov.

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