Escuchar esa palabra, ajena a cualquier contexto. Cayendo como caería un vacío en el seno del vacío: sin gravedad, sin inercia, sin peso y sin relevancia. Una nada pronunciándose en el seno de una nada. Pues el proferirla no deniega la existencia de las cosas, sino que clausura un orbe –el mundo, y sus referencias. Y por eso fue dicha en el afuera del decir y del lenguaje. Significando, rotunda, el vacío –no de esto ni de aquello, ni tampoco de palabras, ni de deseos, ni pensamientos ni nada.

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