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Las cosas sean dichas por sus nombres. Que lo de la consulta a las bases de Podemos tiene este nombre posible: plebiscito. Aunque también se podría intentar con el concepto parlamentario de cuestión de confianza, sólo que presentada no por Presidente del Gobierno sino por quien es portaestandarte y cabeza de esa formación política. Y no ante la representación del soberano en las Cortes, sino ante asamblea virtual de militantes: con democracia directa –sin representación ni intermedio, o a pelo como en el lugar se gusta. Y viene a resultar que, según dicen también, más o menos los dos tercios asienten o se allanan ante el chalet de su líder. Lo que escuché comentar hoy, al final de comida dominguera de un grupo a media distancia pronunciando un con su pan se lo coman desdeñoso y sin apego. Pues no llega a más la consulta que a una cuestión interna: conocer la posición al respecto de militantes o inscritos –que no será suficiente la autoridad de esa asamblea virtual para dirimir definitiva sobre valores de todos como crédito o coherencia. Aunque tampoco está claro –después de experiencia mucha- lo que un día, no a pelo y sin plebiscito, venga a sancionar el voto de multitud de electores.

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