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No veo mal que un grupo numeroso presione para algo y con medida a partido y gobernante, aunque no al funcionario ni a las cortes ni tampoco a la justicia. No lo veo mal –siempre que el motivo también pueda defenderse en argumento sosegado, con razones y con datos y con técnica. Porque el exabrupto sin más no es libertad tan sólo -de expresión en este caso-, sino afán emocional e impositivo. Por afirmar la reivindicación que se basa en la razón y es democrática. No así ese pisotón que se organiza y clama.

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