Y miren ustedes que esa palabra tan gruesa –allá arriba, en el título- no es frecuente en este sitio. O por ser más preciso, en singular y según el buscador del Blog me lo informa, sólo apareció una vez –y en una cita de Ortega. Pero es que hoy el amigo FB me enlaza por el facebook un artículo de imbéciles –de la pluma en internet del afilado Reverte. Cuya lectura lleva a esa masa creciente de personas que ignoran los gestos más notorios de la cortesía hacia los otros: el de ceder la baldosa o el asiento, el saludar, el por favor y las gracias. No por un expreso rechazo de esos modos, mas por una ignorancia cateta de la existencia de quienes nos envuelven tan próximos como ajenos. Con lo que algo se rompe consustancial a una civilización cualquiera: que las buenas maneras son la única forma de hacer soportable la ingrata promiscuidad a que nos obliga la vida. O dicho de otra manera: un exhibirse narcisista y egocéntrico de una inconsciencia canalla. En lo que más se evidencia: el tic irreflexivo que la produce y expresa. Para dar su resultado –la preeminencia de aquella chusma incivil, o esa bajuna morralla.

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