Más allá de la muerte, a los hombres les aguarda un juicio en los reinos de ultratumba. Esta creencia guió a grandes culturas por los siglos de los siglos, hasta hoy –cuando no hay temor de tener que responder con uno mismo –su alma, o su cuerpo redivivo- por lo que uno mismo hizo a lo largo de sus días. Cosa que al versado en historia del pensamiento lo llevará hasta el tercer postulado de la razón práctica kantiana: que sin inmortalidad no hay lugar a fundar una última responsabilidad moral en la conducta del hombre. También resulta revelador estudiar la semejanza que este juicio ha tenido en iconografías lejanas en los espacios y el tiempo. Hoy pienso en esa balanza –presente en el juicio cristiano- que presidía el Juicio de Osiris en el antiguo Egipto: cuando la pluma de Maat hacía en su platillo de contrapeso al corazón del difunto. Maat: la diosa de la verdad y justicia. De una liviandad suficiente a aligerar, para salir airosos del juicio, los afectos y conductas en los días de los hombres.

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