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Habrá quien busque notoriedad al escribir en la red –pudiera ser un motivo cuando tantos acuden en los grupos, comunidades y páginas publicitando enlaces a su último magín. Aunque esa pretensión sin auxilio de otros medios es frustrada de antemano, como quien plantara puesto en plaza con multitud de parlantes y pretendiera entre ellos que por sí misma su voz no fuera tan sólo una más. También habrá quien afirme que lo hace por un placer solipsista –el de escribir para sí. Aunque entonces, no se advierte qué los lleve a publicar. En otro sentido, no creo que haya muchos que pretendan por este medio dar a sus textos una opción de perdurar. Con lo que este post encalla en un punto ciego –sobre todo cuando su lectura a buen seguro será frecuentada por escritores de blogs. Aunque también es ocasión para entender que internet haya llevado a una visibilidad democrática el sinsentido de la literatura, como una orientación de filósofos siglo XX ha venido a postular. Por mi parte, entre todo cuanto he dicho, cuenta que la palabra ociosa no acontezca –salvo como placebo que haga tolerable aquello que disimula: el sinsentido de la seriedad mayor.

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