La Ópera Nacional de Moldavia ha traído hace días la Norma, de Bellini. Y no está mal pues tengo convicción de que la oferta de espectáculos operísticos, siendo como es esfuerzo de ensamblaje y concurrencia de factores tan complejos, constituye de por sí acontecimiento destacable en lugares cualesquiera. Por lo que hace a la escenificación que digo, encontré una ejecución correcta en la música del foso y desiguales las voces, con mérito dispar y con logro diferente. Como también percibí en el coro, en los duetos y en los solos, una dificultad en lograr la sensación de llenado de la escena –lo que adviene, cuando llega, como un don de las artes conjuntando en una impresión los matices del vestido, de la música, del cuerpo que se planta o se desplaza, de los concordantes gestos. Con todo, la evolución de la obra satisfizo al respetable. Incluso en las costuras del libreto, donde los personajes encuentran dificultad en lograr la unidad psicológica del carácter –sujetos a unos afectos mudables en ocasiones, sin madura proporción y sin causa ponderable.

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