La entrega de los premios Princesa de Asturias siempre tiene un aire protocolario que impregnan cercanía y desenfado. Incluso hoy, cuando el acto –por el asunto que acontece en Cataluña- ha mostrado sin bambalinas su contenido político. Con las palabras más claras –el monarca, en este caso. Y también con un apoyo europeo que resulta desigual según la persona o cargo que en su caso lo pronuncie. Una realidad que aporta zozobra o drama –razón de un apoyo popular en las puertas y el interior de la gala. Como el punto del humor que un Luthier ha pretendido, no encontrando su camino –ni en el tono ni el contexto. Se tratará de un error, o que no estaba quizás para ese humor el respetable presente. También estaría por ver una gala sin preeminencia en la música y atuendos –escaparate de exaltación regional, o grupos archisabidos con sus coros y sus danzas.

©

 

Anuncios