El héroe de un film americano suele ser alguien llamado a salvar el universo. Sea de una catástrofe que la naturaleza acerca, sea de una organización o grupo de poderosos malvados. Con un valor añadido: que suele confluir en ese personaje la figura del héroe, y la del antihéroe juntamente. Con esa separación de planos que a veces se solapan: el superhombre que actúa con vistosidad y aparato, y el cotidiano hombrecillo de costumbres muy modestas y de vida reducida. Y también hay en el cine americano genios que elevan este juego a una genialidad que alcanza a todas partes. Woody Allen –por ejemplo. Aunque abundan las películas de baja concepción, actores muy mediocres y muy bajo presupuesto: entonces todo desenvuelve una invención convencional y roma: historias prescindibles con acción inverosímil, aburridas y sin trama policiaca tan siquiera:

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