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El empalago nacionalista precisa, más que visibilidad, protagonismo. Como se ve en Cataluña: portada y titular, y al completo la pantalla. Con el motivo que sea y para el fin pretendido -acto con ánimo transgresor, manifestación populista en número inferior a las de notorios dictadores, o a romerías de fervor en provincias de menor población y pese a todo. Pues necesita presencia, siendo como es su ser una entidad negativa: el vacío de sustancia –de razón, de proyecto y argumento. O la negación de todo que produce en derredor, tal enfant que extorsiona muy a fe y que obra con tesón de mal criado.

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