En algunas poblaciones, suelen rotularse calles antiguas con nombres que sorprenden. Seguramente, por aludir a mitologías muy antiguas –tal sucede en Granada, que titula una de ellas con el llamativo niños luchando. También por allá, la cuesta de las arremangadas, o la calle del beso. Son sólo unos ejemplos. Pero podría recorrerse la geografía por completo. Y así, en una de mis visitas por pueblecicos de España, conocí que hubo antiguamente una calle de la novia –que dicen que procedía de señora casada y bien casada que allí se trasladó, mimada y arrumada por los mimos del marido. Hasta el punto en que a todos parecía mismamente ser objeto de cumplidos que de ordinario se dispensan transitorios a las novias. Y fue hasta tanto grado, según dice la leyenda, que se poseyó de sí a un límite y extremo –mirando autoritaria en derredor, y sojuzgando a marido, a familiares y a hijos. Requiriendo de todos vasallaje a la arrogancia, menestrales de comodidad, de altivez, y de pereza. Con esa intransigencia que dio nombre al que desde alguna centuria proclama su letrero: no calle de la novia –que no era ya ni pretenderlo quisiera, mas con sonoro decir, el temible o estresante callejón de la reinanta.

©

Anuncios