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La ciudad de Mula acaba de finalizar la restauración de su convento de San Francisco –siglo XVI, sobre el Hospital de San Pedro datado dos siglos antes. Téngase presente que la apertura al público se pospone unas semanas, hasta mediados del mes de septiembre. No obstante, ya se puede visitar el claustro –con pinturas rescatadas bajo el yeso, en su mayor parte configurando en las dos plantas un delicado viacrucis. Quien guiaba la visita hizo reparar en el desorden aparente en la distribución de estaciones, pudiendo –y lo digo por ejemplo, mal fiado a mi memoria- hallarse la tercera junto a la decimocuarta y así en muchas ocasiones. Incluso alguna de ellas contiene una leyenda con instrucción al respecto –dar dos vueltas completas antes de continuar a otra. Sobre el particular, considero muy apropiado recordar que es ésta una devoción de origen franciscano –los custodios de los sagrados lugares, tras el acuerdo que alcanzara el fundador de esta orden con Saladino, vencedor de la cruzada. Nacida seguramente de la piedad inicial de recorrer los lugares de la pasión de Cristo, transportada después por Europa mediante la erección de sacromontes que imitaran los lugares de la pasión y la muerte. Para terminar trasladando esa devoción a viacrucis en el interior de los claustros conventuales. Hay quien dice que el primero en España fue en Murcia –en el convento de Santa Catalina, hacia el año 1600. De donde se difundirían por la diócesis y por el resto de la geografía hispánica. De ahí la probabilidad de que el viacrucis recuperado ahora en Mula sea uno de los primeros de España. Diseñado para reproducir exactas las distancias de la vía dolorosa y el calvario en la ciudad sacrosanta. Vaya la hipótesis por la extrañeza de algunos compañeros de visita, en relación con el modo tan extraño en que rezaban los frailes. Y a fe que parecería extraño, mas no rezaban a locas.

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