En los conciertos de cámara, se extiende la costumbre de insertar al comienzo de la pieza una explicación somera por parte del músico ejecutante. Lo que no veo siempre razonable, por la interrupción que comporta en el continuum musical que constituye el conjunto. Aunque, como en todo, el éxito consiste en acertar la medida. Por ejemplo, hoy Manfredo Kraemer –el maestro violinista- en un repertorio con piezas de Böddecker, de Francoeur, de Petersen, de Franz Biber. Para violín con acompañamiento de clave. La verdad es que la escucha del maestro, en los breves bocadillos que insertaba, atraía por la naturalidad y la ausencia de hipérbole en la cadencia y el tono. Sobre Petersen, ha traído su profesión comerciante –que optó por ganar dinero, pero que era un buen músico. Lejos de la inmolación del genio ante un arte que su presente no premia, y que la posteridad en sus altares reclama.

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