Cuando es noticia que un famoso celebra en sociedad evento, o le acontece un desastre con resultado bien de hospital o de muerte, un locutor suele decir que llegaron al lugar muchos rostros conocidos. Por personas populares en los medios, quiero entender que se entiende. Y no creo que haya alguien que pudiera denegar una filosofía del rostro, su humanidad exclusiva como tema o como objeto. Pero tampoco se oculta que es un evidente caso del uso de la sinécdoque: el tomar una parte por el todo. Pues no hay rostros que caminen por sí solos y que solos en la sociedad acudan o se presenten. Ahora bien: esencialmente, el rostro es aquello de nosotros que ante los otros se muestra –o que consiste en mostrarse. Y de este modo, la selección corporal que el locutor efectúa persigue –y consigue a veces- construir un decorado: con personaje que se opera, se matrimonia o se muere –tal el sepelio de Orgaz: y los rostros de famosos, figurantes necesarios en la escena de ese cuadro.

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