La vida no nos dijo cuántos posibles albergaba en cada cual su futuro. Y fuimos recorriendo por tanteo lo que nos ofrecía a la vista. Como si cada elección que hiciéramos fuera un punto de partida –otro abanico de opciones. Aunque también permitía retroceder la mirada, como quien desea corregir –o reescribir, o rehacer las decisiones pasadas. Y ello era, y fue posible. Y entonces fue la vida un lugar desconcertado de caminos o de rutas reversibles, que cruzaban su designio no preescrito de antemano. Con el placer que produce el fingimiento del dominio sobre sí, o del tiempo no absoluto y tornadizo. Con la añagaza que oculta sin embargo al tiempo material y que pasa inexorable -que obra siempre a nuestra inversa y que trabaja en su contra.

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