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El festival de música antigua de Aledo, este año –y va el segundo- ha crecido hacia lo grande. Con diseminación de su presencia, de su actuación y su música, a lo ancho de la extensa Sierra Espuña. Pues el visitante siempre supo de la hermosura de esta sierra, de la historia medieval y del entorno impactante de la villa que antes dije. Y en esa vasta belleza y su historia, se incardinan hoy sus músicas. Esta noche en El Estrecho de la Agualeja, una joya geológica en su término y entorno –formación que asemeja una gruta semiabierta a la luz de las estrellas, con el fresco del relente que se filtra por su altura. La vegetación, muy clase mediterránea con cañaveral y también con algarrobo –y un hongo que, me dice una bióloga, se halló único en la provincia murciana. Allí, tan reducido el aforo, Silvia Márquez llena el aire con músicas de su clave –piezas europeas desde el XV hasta el XIX. El estrecho, una caja armónica que se llena con sus sones. Con iluminación de la piedra que flanquea a los presentes, y el verdor llamativo de vegetación que cuelga desde la altura y se consolida al fondo.

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