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En esta abdicación del pensamiento que difunde un populismo por España, muchas informaciones son creíbles que no ha mucho resultarían un mal chiste. Y no es lo más que el presidente socialista de la región de Castilla-La Mancha pretenda apuntalar su gobierno con apoyos del partido de Podemos –después de mucho despotrique y de mucha diferencia. Más llamativo parece que el partido nacional recuerde a semejante prócer que –según la nueva normativa que se habrían dado- es preciso consultar para tal pacto la voluntad del conjunto militante. Cuando no es ese conjunto con interés de partido quien erigió presidente del gobierno regional al señor García Page –sino los votantes con derecho en la extensión del territorio. De donde la evidencia de que el gobernante representa a la población en su conjunto –lo que no ha de reducirse a la restringida representación de los militantes del partido. Lógico sería que tal pacto, si hubiera de ser consultado lo fuera con los votantes –lo que se pretende negar o evitar tal vez, por si acaso no les saliera el apaño.

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