Cada generación vive sus propias traiciones. Sus presupuestos violados, sus promesas incumplidas. Esto me decía FV hace un tiempo para nada desdeñable: que la suya fue generación obligada a vivir un mundo no distinto, mas opuesto a los principios que en la niñez aprendiera. Y lo dijo sin pretender que sus palabras señalaran al culpable –pues un niño no puede responder de los aprendizajes que los adultos le ofrecen, ni un adulto ser obligado a reconvertir del todo lo que fue y lo que supo –en lo que hubo creído, para lo que fue formado. A priori, la razón de ninguno de los lados. Como también otra generación que hoy vive su desamparo: no esta vez por negación de los principios que fueron, mas por la denegación de presencia y de futuro. Entre ambas, quienes tienen fundamentos de creer que lo que ha sido tiene un valor sin embargo: un país en su mirada interior –la ley y la libertad-, y más allá los contextos que a esta España le permiten su futuro.

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