Permita el lector este juego con el título de la obra del gran Miguel Espinosa. Su Escuela de Mandarines. Porque es una novela, por decirlo de este modo, que tiene muchas lecturas y cosas –prolijidad de lugares y de claves, perspectivas. Entre ellas la reiteración de números interminables que enumerando recuentan -uniformidad que multiplica la unidad intercambiable, o la presencia sin rostro. Como tantos hoy medrando por los entornos donde se adquieren mandarinato y prebenda: tal quien llega hasta el exacto vomitorio que lo arroja, sin saber y sin pericia, a la arena de la cosa que fuera el lugar de la política.

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