Un error de los chistosos de la tele, es fijar sus invectivas en un objeto frecuente. Los que cumplimentan horas y horas de programas sucesivos haciendo mofa de un político invariable, ridiculizando los colores de un gobierno no bienquisto. Y digo que ello es error -salvo que el chistoso se halle ungido por el dedo que hace diferente al genio- por la saturación del objeto en el interés del público. Así lo considero, siempre con la excepción de un recurso humorístico que se rehaga y renueve con carácter permanente. En el arte, ello sucede en autores que profundizan su renovación en técnica y perspectiva –con reducción muchas veces del objeto de que tratan. Pero en el chiste es posible a condición de que toque una fibra matizada, inteligente –siendo así que el común televisivo se regocija en la fuerza que mueve a la carcajada, o al denuesto del personaje que se censura en lo público o, en político, un rechazo destituye.

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