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El Museo de Bellas Artes de Murcia exhibe un óleo de Sorolla, representativo de un momento de su obra infrecuente para el público. Se trata de un Estudio para el Dos de Mayo (ver aquí) que el museo data en 1882 –un hombre que yace inerte, por el suelo, la mano derecha apenas sujetando un pistolón de sublevado contra la invasión francesa. Se tendrá presente que la plasmación del estudio se produce con carácter simultáneo a las visitas del pintor al Museo de El Prado en el año anterior y en el mismo en que se data esta pintura. Dos años después, participaría en la Exposición Nacional habida en Madrid –con aportaciones muy realistas y dramáticas sobre el tema histórico dicho. El lector podrá saber que la Biblioteca-Museo Víctor Balaguer, de Villanueva y Geltrú (Barcelona) tiene una obra del mismo autor –El Dos de Mayo de 1808– (ver aquí) pintada dos años más tarde y con un carácter en aspectos esenciales diferente. No sabría decir si el éxito en esta exposición determinó la dotación de una pensión de la Diputación de Valencia para que el pintor pudiera desplazarse a estudiar en la Academia Española de Bellas Artes, de Roma –con todo lo que ello trajo. Por lo que hace a la obra que reside en la capital murciana, me llamó la atención –junto a la juventud de autor tan circunscrito hasta entonces a su formación valenciana- la calidad del retrato en el rostro de la figura difunta, así como la tonalidad de la luz en los colores blanco y gris plomo de su ropa. Es de advertir, en sentido diferente, la posición forzada del brazo que cae en vertical por el torso –amén de la desproporción, no diré si pretendida, de las piernas entre sí y en general su forzada perspectiva. No obstante, son de advertir –como dije- dos pinceladas que me hablan del Sorolla subsiguiente –cuando, alejado del realismo que importaba hacia estas obras, hallara su realismo propio, con su luz y también con su propia perspectiva.

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