A veces, para comprender las cosas se precisa que haya transcurrido mucho tiempo. Seguramente por la distancia que abre espacios que amplifican la mirada. También por el enfriamiento de las pasiones o afectos que en el momento nos tienen. Y cómo se ven, a lo lejos, las personas –las que amamos en su día y guardamos más acá de los recuerdos: con una clarividencia que en su día no tuvimos al alcance. Con una comprensión que no necesita ir arrastrando sus flecos por el gesto paternal de una indulgencia –antes bien con la nitidez de lo que fue, lo que ahora se allana voluntario a nuestros ojos: para recibir esa luz de claridad que es la justicia.

©

Anuncios