La tautología que titula este post muestra una realidad que debiera considerarse: que la equivalencia sólo se puede establecer entre nombres o entidades sustantivas. Y nunca entre adjetivo y nombre –pues aquél no es otra cosa que algo que se añade al nombre sin modificar su esencia. Algo así debe de entenderse en el mundo de las leyes, cuando se considera que el matiz en los delitos tiene carácter más o menos adjetivo: permitiendo modular el enjuiciamiento que los hechos merecieran en sí mismos. Salvo en ese invento de una ley española que discrimina al varón, e instituye con asimetría delitos de género que sólo él puede hacerlos. Es el concepto de la violencia machista, como si otra violencia concretada en hechos semejantes fuera menos punible que la que porta tal apellido. Pues es claro que la cualidad de machista mostraría en quien la ejerce una razón subjetiva –aunque al legislador le parece tipificable en sí misma, y de sustancia mayor que el hecho que se perpetra. Será una nueva victoria de esa ideología extrema –cuyo carácter se delata en la autocensura que induce públicamente: el temor a discutirla (sin heroísmo) en el foro.

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