Etiquetas

Los que –en tanto que filósofos- se dedican al análisis de cosa tan cambiante como lo es la realidad política que impera en el momento, tienen en su contra la vocación universal del discurso que profieren. Porque una coartada sempiterna del hablar de los filósofos es la intangibilidad radical de la verdad que sostienen, lo incontrastable a corto plazo de cuantas cosas enseñan. Y lo peor no es que uno de ellos sea cogido en un cálculo erróneo en cuanto a lo que dice –pues peor todavía es perder el crédito, el prestigio. O no suscitar interés o curiosidad general cuando se habla. Y con qué facilidad ello sucede cuando uno se enfrasca en un metalenguaje de la situación política –con la precisión de ser novedoso, convincente, adogmático, y capaz de pergeñar alternativas que tranquilicen al lector de la columna, en el ensayo o diario. De aquí la virtud de la reserva y prudencia –como sucediera entre los sabios más antiguos, resistiendo al divismo de la página efímera de opinión en rotativo de amplia difusión y de fama renombrada.

®

Anuncios