En fechas en que un lobby da las muestras de su fuerza –con festejos, con banderas, con exhibición de sí en multitudes conformadas desde lejos- doy en pensar en el privilegio que hace intocable preeminencia semejante. Sobre todo cuando la tendencia de cada cual no es mejor que la de otro ni hay razón para airearla, y cuando se reclama lo que nuestras sociedades concedieron hace tiempo. Y así, banderas no oficiales adornan los balcones de concejos tal si fuera una causa que por su altura se debiera imponer coram populo y ante otras. Cuando causas como el combate de la hambruna universal, de la guerra y de las formas muy diversas que adopta la tiranía no gozan de preeminencia –ni de fiestas, ni de lobbys, ni banderas en balcones. De Unicef, de la Cruz Roja, de Cáritas por ejemplo, o de las Manos Unidas.

©

Anuncios