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Los caminos que atraviesan la provincia de Segovia podrían conducir, por un acaso, al municipio que se llama Aguilafuente. Y también por un acaso, pudo el transeúnte descubrir la exposición temática y temporal que se ubicaba en el templo: medio guía, medio portero, un argentino pródigo en la atención y de eficaz cometido. Tratase en ella del primer libro, que se sepa de momento, que se imprimiera en la lengua castellana: el Sinodal de Aguilafuente –las actas sinodales del que el obispo Juan Arias Dávila convocara en la localidad en 1472, para la reforma del clero diocesano y que imprimiera Juan Parix. En el templo, se significa también el límpido ábside en el estilo mudéjar. En la antigua iglesia de San Juan, merecen contemplarse los restos de mosaicos romanos encontrados en los restos de una villa, y restos también visigodos. Por lo demás, un municipio de unas seiscientas almas. No lejos, el castillo de Turégano: que fue del obispo que más arriba se nombra, donde reposó Fernando el Católico de camino hacia Segovia –por trazar una concordia- tras la coronación de su esposa como Reina de Castilla.

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