En los films de Schwarzenegger las cosas suelen ser claras. El lugar donde está el bien, y el combate contra el mal. Y en ello y como rasgos heroicos: la decisión en el rostro y en el gesto de quien no mira ni a su derecha ni a izquierdas, la fuerza y el semblante soberano de la imperturbabilidad. Así, adentrarse en sus películas tiene de tranquilizador el conocer de antemano que siempre habrá un buen final. Todos los ingredientes para producir –film a film- el tedio ante la pantalla, si no fuera por los efectos que se sitúan más acá del límite de lo posible, y la identificación con un mundo resolutivo que –sin denegar su conflicto- se entrega al espectador como una razón total.

©

Anuncios