Ramón Menéndez Pidal, el muy erudito, ya afirmaba que el desastre peor que la ocupación islámica dejara para el futuro de España –no fue sino la fragmentación de la unidad preexistente de los tiempos visigóticos. Sobre todo con la emergencia de reinos occidentales y orientales al tiempo que se hacía la reconquista. Y no digo que no, aunque veo la explicación sobremanera simple. Porque, para ser corrosiva, esa fragmentación precisaría el posterior surgimiento del concepto de nación como realidad sentimental de tribu. Y después unas burguesías nuevos ricos apropiándose el sentimiento para forjar identidades que se inventan -contrahechas. Entre tanto, la unificación política fue empeño renacentista de vocación moderna. Como el centralismo borbónico cuando Felipe V -aportación, la mayor si no entre las solas de la dinastía francesa. Una voluntad de afirmarse y de ser que hicieron moderna a España –frente al suicida austracismo que erige en ideales los cantones.

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