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Una visita a la localidad murciana de Calasparra me ha movido –por motivo que insinuaré- a consultar en internet la evolución de su censo. Según datos, y ponderando evolución y contexto regional, una localidad de una población estable -aunque manteniendo en el conjunto un ya largo estancamiento. Lo que vengo a referir por la impresión que el ambiente del lugar ofrece a quienes llegan de fuera: como un pueblo circunscrito en lo social donde todos –con un tratarse ancestral- entre ellos desde antiguo se conocen. Algo así vine a advertir en el ambiente por los bares y terrazas de la noche, en el día de la fiesta: animación bulliciosa, pero como quien se sabe entre los suyos y en casa. O quien desde su amplio recibidor reconoce al forastero. Una nítida impresión que tuve por grata y acogedora –por la hospitalidad que con ínfimos pretextos delataba el trato recibido de cualquiera en ocasión ordinaria.

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