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El órgano dieciochesco de la iglesia de Liétor era gobernado esta tarde por dos músicos –piezas para interpretar a cuatro manos. Y composiciones alegres que mantenían atentos como expectantes a los muchos vecinos del lugar que al efecto completaban la bancada de la iglesia. Otras veces el lleno fue todavía mayor que el producido esta tarde –tal vez por coincidencia en la hora con el partido final de la copa de la Champions. El caso es que la afición popular a esta música –minoritaria en tantos lugares de España- es sobremanera llamativa en la localidad que digo. En el lugar se comenta que es herencia de la labor de don Paco –el párroco que conoció el valor del instrumento entonces desvencijado, que lo consiguió restaurar bajo la dirección de F. Chapelet, que en los ochenta inició los ciclos de conciertos que este año han alcanzado el trigésimo quinto nada menos. Seguramente un impulso que conoció de cerca el párroco de Torre de Juan Abad –causa inicial y necesaria en la restauración del órgano de esa iglesia, de Gaspar de la Redonda y también dieciochesco aunque algún decenio más antiguo que el de Liétor. En la localidad manchega los ciclos de conciertos este año alcanzan la edición decimosexta. El sonar –como los ángeles en instrumentos tan próximos y distantes como son los que refiero.

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