Recibía solicitación para responder una encuesta por teléfono –nada o mucho de relieve: sobre hábitos cotidianos de consumo y preferencias en la vida día a día. Allí, el encuestador que buscaba su perfil más amable para entresacar la información que pretendía –como vendedor de crecepelo que no busca entablar un comercio con el descontento alopécico del cliente pretendido, mas buscar escuchador que consuma minutos telefónicos de su horario laboral remunerado. Pero la encuesta que recibía por teléfono –y a esto es a lo que iba- inquiría sobre hábitos de consumo en un pasado reciente: y una prospectiva de consumos por venir casi inmediatos. Contenido interesado y muy político, por lo tanto y como siempre: lo que al poder o a la empresa les inquieta –tal sucediera al enfermo a quien, tras hurgar su pasado y su presente, el doctor pronosticara el dilema consabido –la sanación o la muerte.

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