Etiquetas

El gentío que visitaba nocturno el museo murciano de las Claras parecía intromisión o irrupción en espacios muy cerrados de la historia. Irrupción o intromisión hermosas y deseables. Porque los espacios que digo, incorporados salvo en horas en lo recoleto del convento de clausura, son alcázar antiquísimo del rey musulmán de Murcia. El alcázar Seguir que, calle Trapería por medio, miraba hasta la actual catedral y otrora mezquita aljama y –más allá y pegado a la muralla- el alcázar Nasir sobre el que se levantan el Seminario de San Fulgencio y la iglesia de San Juan de Dios –propiedades que hoy son civiles. El primero de los alcázares que digo tiene un patio con alberca y arriates que la flanquean –un trazado a lo acogedor y huertano, similar al patio de los arrayanes de la Alhambra granadina. Sólo que el trazado murciano es anterior a la construcción del patio nazarita. El alcázar Nasir –por otro lado… tiene un pequeño rincón visitable en el subsuelo de la iglesia que he citado: resto de un diminuto arco de insinuación califal –con decoración inaudita y deliciosa- que da acceso al mirhab que el Rey Lobo levantó en su aposento privado –con restos de muralla y enterramientos. También las columnas de la iglesia primitiva que el rey Alfonso X levantara sobre lo que fueran mirhab y jardines. Lugares para asomarse a los espacios en que una historia se encierra, y en que esa historia se excava.

©

Anuncios