Dice el diccionario de la lengua que la palabra museo proviene del latín museum –“lugar consagrado a las musas”. A lo que un etimologista podría responder ponderando si se trataría más bien de un “lugar donde se aloja la producción de las musas”, o el étimo más forzado “lugar donde las musas obran”. Cualquiera sea la significación que se admita, es lo cierto que la palabra antes dicha no aceptaría connotación de lugar con espacios desiertos, carente de actividad y ungido de luz inerte. Lo que viene a recordar esa iniciativa entre divertida y noble –la noche de los museos– cuando las sugerencias nocturnas y el alumbrar de la luna organizan una acción, un hechizo y el bullicio de un ambiente.

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