Etiquetas

La votación de hoy en Francia es signo de la situación inquietante de la democracia en los países de Europa. Una renuncia parcial que viene acarreada por el hundimiento o los muy graves problemas de viabilidad de los partidos de izquierda. Seguramente porque estos partidos llevan decenios dedicados a inventar un espacio político de algún modo contrahecho –defender como principal objeto de su acción las aspiraciones más o menos legítimas de diversas minorías. Con olvido de la razón de ser, desde siempre, de la izquierda en el viejo continente. Tal vez por la dificultad de hallar ese espacio de actuación –a partir del bienestar derivado de los logros de la misma socialdemocracia. Tal vez también, y no de modo alternativo, por la precisión de hallar un espacio de reivindicación suficiente a justificar la existencia del mismísimo partido. Tal vez incluso por un modo de halagar el narcisismo moral de un sector social izquierdoso, acomodado y biempensante. Pero es cierto que lo que hoy significa en Francia el partido de Le Pen, con la base electoral que lo aúpa, demuestra que los motivos de ser por los que nació la izquierda siguen existiendo en barriadas, poblaciones y sectores. Y que tras los decenios que he dicho, su vía de expresión política cuestiona lo que significó la izquierda y el modo de representación de su interés en el juego democrático –cercanos a la indignación, la ruptura y populismo. Piense el lector español si, sobre consideración semejante, no sería urgente un diagnóstico de sí mismos sobre partidos que se precipitan desnortados, divididos y en declive acelerado.

©

Anuncios