Tiene la juventud su perspectiva propia –en medio de unas horas cuya luz nos envuelve o arrebata. Días de horizontes que no saben todavía de la finitud y lo breve –de alegre desenfado, de compañeros que todavía son amigos casi venidos de nuestra infancia cercana. Y tienen sus goces un algo de inconsciente o de divino –los dioses que gozan como si el tiempo para nada transcurriera, como si nada pasara. Tiene la juventud esa alegría de la sangre que se renueva al instante –a veces con la gota de finitud que en un segundo se mezcla, con su hiel como pizca de un saber que es por venir, y que el alma lo anticipa o lo pregusta.

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