La radio es alivio del conductor en los trayectos largos. O uno de los objetos que requieren la atención y la conciencia, sin que se repute ser distracción en el uso del volante. Hace días, la sintonía automática recogía una rememoración del que tengo por concurso legendario de la televisión en España: el un, dos, tres… capitaneado en la pantalla por Kiko Ledgard –peruano, elegantísimo- junto con otros famosos, o que en el concurso que les digo se iniciaron. Sobre el particular, algún contertulio comentaba que el programa fue reflejo de la aspiración mayor de una clase media que emergía en el momento –donde la posesión de un piso en Torrevieja, o de un coche, era distinción y emblema. Tiempo también en que la hipoteca se reputaba una exposición mayor a un riesgo donde el banco obraba con el poder que corresponde al Estado: capaz de hundir en ruina a quien osara un impago. Hoy, escucho que Bruselas –todavía por la Unión de Europa- amonesta a los gobiernos que no arbitran límites o contrapesos en cuestión de la hipoteca, a los poderes bancarios.

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