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Los amantes de la mesa saben sobradamente que en materia de cordero lechal –sobresalen los fogones de Castilla. Sea el lechazo que se cocina al horno y se sirve por cuartas, en cazuela de barro y con su jugo –o el cordero lechal abrasado en brasería. También cuenta Castilla con la ternera de Ávila, pero ese es cantar magnífico por igual aunque tema diferente. Incluso en la misma provincia abulense, la ciudad de Arévalo alguien la sembró de figones y de fondas que sirven el lechazo más sabroso que tenga a mano el viajero. Por lo demás, es lugar de repostaje gastronómico para madrileños que escapan de su ciudad para fines de semana. En materia de cordero lechal a la brasa, tuve reciente experiencia impresionante en Tordesillas: donde junto a las visitas al monasterio de Santa Clara la Real, las Casas del Tratado, la iglesia barroca de San Pedro, o la plaza mayor porticada, está la comida en la brasería El Torreón –con ambiente muy elegante, entre castellano gótico y con detalle mudéjar: el secreto de su éxito no se me hace que pueda ser diferente de la calidad de las carnes y el punto del cocinero que labora en un aparte del comedor entre parrillas, azulejos de colores y las brasas. Y por no decir los postres. Igualmente, la mejor compañía del lechazo para mí tengo que es la ensalada de lechuga y de cebolla solamente. Con vino de la región –de la ribera del Duero. Aunque también los osados acompañan estas carnes con el caldo más robusto de la ciudad cercana de Toro.

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