No se estila demasiado hablar de guerra. A lo sumo, en películas de corte y escenario futurista –y en columnas y tertulias que discurren por su vertiente civilizada y política. Pero la realidad de la guerra es la guerra que se impone por sí misma. Y por ello me pareció sobremanera acertada la observación de un general reservista en programa de la tele: que nadie debiera pensar que la guerra es ejércitos en un campo de batalla –que la guerra lo es todo, una vez estalla y se rompen la bridas que sujetan la sociedad y el sistema. O dicho de otro modo, es barbarie que impone reglas que sólo son suyas –reglas bárbaras. De aquí que no se alcance a conversar sobre ella sin domesticar su connotación poderosa y asimismo su concepto –hablar como quien se afirma desde fuera del espanto, o se sienta (el salmo lo predica de Yahveh) encima del aguacero.

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