En La Mentira –Florian Zeller- las primeras escenas que se juegan en las tablas, las hallé exasperantes. Amén de que la acción durante esos minutos tan largos no progresa, es que muestran un prodigio de incomunicación en pareja con causa en unos ademanes teatrales de carácter femenino. Sobre todo por la imposibilidad de encontrar un lugar racional para el encuentro, cuando lo que del diálogo espera cada personaje es realidad divergente. Después el desenvolvimiento de la acción en busca del desenlace, mostrará a posteriori que lo que mueve esas primeras escenas tiene causa en un despecho –el que desata el círculo del enredo, para poner en la escena la verdad más común y más secreta de los cuatro personajes. La verdad que se conoce, pero que no se pronuncia o lo hace bajo máscara –y la sinceridad reducida al borrado de esa verdad que un consenso dulcifica y una voluntad esconde.

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