Explicaba el profesor en la pizarra una paradoja –resoluble tal vez- del empirismo y del uso del lenguaje. Cuando escribía en el encerado aquella frase que ora era verdad, ora resultaba falsa. Son las cinco de la tarde –por ejemplo: verdadera solamente en un instante del día, y falsa para las horas restantes. Por esa petrificación de la palabra escrita, que se repite incesante y se afirma sin contexto. Y esto, de tan poco desarrollo en planteamiento, a los alumnos parecía maravilla nunca antes conocida. Tal el título que da su nombre a esta entrada: a fecha de hoy… Y para que sea verdadero, dejarlo inconcluso y cada cual lo complete como mejor la experiencia del momento lo demande. Esto he dado en pensar, mientras veo en la pantalla de la tele una escena del juzgado: con un reo afirmando haber hecho todo aquello de lo que trae causa el pleito del que se trata –pero a fecha de ayer, cuando un mandato impreciso de una masa lo mandaba, como también a fecha de hoy –consagrando una verdad intemporal con legitimidad populista y necrosada.

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