Habrá quien aprenda, golpe a golpe y poco a poco, que no es soledad el estado electivo de vivir consigo mismo. Con esa placidez, o amenidad de su mundo –propio suyo- y de sus cosas. Que es la verdadera sin embargo la que llega por sí sola, la que crea su realidad y sin argumentario la impone. Y entonces es cuando más se habla tan consigo y tan ocioso en los adentros –como concluyendo que no es la soledad solamente un estar solo.

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