En el siglo que pasó, la teología fue al rebufo de las modas filosóficas en parte considerable. Con cuestiones secundarias que ocupaban primer plano en profesores y en aulas: las críticas marxista, freudiana, nietzscheana de la religión fueron temas visitados. Como también determinados modelos de abordaje de la materia estudiada: la fenomenología de la religión –un modo muy poético e inmanente de comprender las cosas sagradas-, o el método histórico-crítico basado en una interpretación de los textos inspirados -muy racional y muy anclada en la historia. Otra cuestión suscitada versaba sobre la defensa del carácter científico de los estudios teológicos. Y en este punto, escuché que un estudioso afirmaba no encontrar inconveniente en que la teología no cayera dentro de ese concepto. Hoy, cosas que una progresía clerical entendía tal posiciones retrógradas –vuelven bajo nueva luz al lugar de la disputa, por entenderse que en las cosas esenciales no es posible –y a Dios gracias- reducir nuestra visión a los procedimientos y datos comprobables de las ciencias.

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