El diario El Mundo trae un fotograma del que dice que pudiera trasladar la efigie verdadera del autor de El tiempo recobrado –Marcel Proust. Un segundo fugaz de una secuencia cinematográfica recogiendo las escenas exteriores de una boda. Una imagen de Marcel –si así fuera, una rareza. Para quienes hemos pasado y repasado nuestra vista sobre las innumerables páginas con Odette de Crécy, con Marcel y con Charlus –la sonata de Vinteuil-, esa imagen detenida da un semblante moral: un elegante, solitario entre una multitud que pasa de dos en dos o se mueve acompañada. No un semblante misterioso, pero sí reclamando una atención singular sobre sí mismo. Sea quien fuere aquel cuya imagen detenemos al bajar esa escalera, el semblante da la clave moral de un escritor –demorándose en un mundo que se transforma, que declina y que se acaba. A partir de esa mirada que no atiende al objetivo que la capta, tan ungida de su alma mundanal -desde el apogeo de su indiferencia estetizante e interna.

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